domingo, 30 de enero de 2011

La super-via en el D.F..



El principal obstáculo para que el gobierno capitalino atienda la recomendación de suspender la construcción de la Supervía Poniente es el costo que ello tendría para la autoridad capitalina. Ése es su argumento central, amén de las consabidas explicaciones sobre la necesidad de comunicar zonas de la ciudad que requieren ser conectadas. La autoridad ha fabricado una situación sin cumplir cabalmente la ley y sin esperar que otros la cumplan, y ahora busca utilizar en su provecho su propio abuso y negligencia y colocar a la sociedad, y no sólo a los impugnadores de la obra, ante hechos consumados.

Hace una semana, el 20 de enero, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal emitió una recomendación en cuyo primer punto se propone al jefe del Gobierno, Marcelo Ebrard, suspender la obra. De inmediato, sin aguardar a que transcurra el plazo legal para responder, y notoriamente sin conocer el contenido completo del documento, su respuesta reiteró una posición expresada de manera contumaz: la obra no será suspendida.

Antes de la recomendación, cuando suspender el proyecto era una demanda de un sector de la sociedad civil, el argumento tenía un peso diferente al de hoy, cuando se oponen pesos y centavos al respeto a los derechos humanos. Todavía anteayer miércoles se alegó que detener la obra costaría al gobierno mil millones de pesos. Es que la autoridad ha adquirido compromisos, como el de pagar compensaciones a la empresa constructora si la obra se detuviera o no fuera realizada. Comprometer dinero público respecto de circunstancias que pueden quedar fuera del control gubernamental es un desempeño irresponsable. Es apostar mucho dinero a que un proyecto será llevado hasta su consumación. Podría no ser así. ¿Qué tal, por ejemplo, si el gobierno federal hubiera negado el permiso para modificar el uso del suelo en las áreas de su jurisdicción?

Apenas anteanoche ocurrió lo contrario de la suposición anterior, pues sí fue emitida la autorización que el gobierno federal debe expedir a toda obra que entre en las zonas de su competencia. En "los próximos días" será notificada a la empresa Controladora Vía Rápida Poetas, Sociedad Anónima Promotora de Inversión de Capital Variable, que fue la solicitante. Sólo entonces la promovente podrá conocer las condiciones a que se sujeta el permiso, y que fueron publicitadas en lo general en una comunicación de la Semarnat. Mientras no surta efectos la notificación y la Controladora no manifieste su disposición a cumplir los condicionantes, el proyecto carece de un requisito fundamental. Falta, adicionalmente, una apreciación del proyecto por la Comisión Nacional del Agua, que apenas en febrero será formulada.

Ha sido, por lo tanto, un atrevimiento llegar a esta fecha con esa deficiencia. El gobierno capitalino procede con la ligereza irresponsable del particular que construye un edificio en zona prohibida o con características no incluidas en su licencia de construcción y de uso de suelo, fiado en que una vez en curso una construcción todo lo más que se hará es bendecir los hechos consumados, nunca frenarlos y mucho menos volver atrás.

Al gobierno capitalino le parecía inadmisible que el Frente Amplio contra la Construcción de la Supervía planteara la suspensión de la obra como requisito para el diálogo. Se argumentaba el costo de incumplir los compromisos con la empresa que construirá y operará el camino de peaje de que se trata. Pero en una reunión con la Comisión de acompañamien- to, una suerte de intermediario entre la autoridad y los sectores adversos al proyecto, se manifestó que la suspensión de la obra podía ser resultado del diálogo que dicha Comisión busca facilitar. Si no se hubiera admitido esa posible consecuencia, el diálogo carecería de sentido, pues en él han de presentarse argumentos en pro y en contra, informaciones que no en todos los casos ha sido difundida o puesta a disposición de los sectores que se sienten afectados, no sólo en lo inmediato sino también por las consecuencias que para la vida general de los capitalinos puede tener el proyecto.

La recomendación de la CDHDF cambió el estatus legal y político de la suspensión. Una cosa era que la demandara un conjunto de agrupaciones y ciudadanos, y otra que la recomiende el organismo público de derechos humanos. Aunque su posición no obligue al gobierno, que puede aceptarla o rechazarla sin consecuencias jurídicas, la fuerza de la argumentación del ombudsman capitalino requiere una respuesta igualmente razonada, que vaya más allá de la simple negativa o del costo que tendría suspender la obra. Ha de darse respuesta respecto de las violaciones y riesgos para los derechos humanos, que en un régimen democrático como el que vive la Ciudad de México han de ser superiores a los objetivos de la gestión administrativa y con mayor razón a los abusos o deficiencias del desempeño gubernamental.

Ya había errado el gobierno al entender la oposición a la Supervía como un lance político practicado o auspiciado por intereses antagónicos a los suyos, en la permanente contienda por el poder o por la imagen pública. En ese punto podría decirse, conforme al dicho, que "la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero". Si los partidos y los grupos políticos apoyan a los opositores a la obra sinceramente o porque les conviene, eso no priva de razón a sus argumentos, a los que debe responderse. La posición de la CDHDF, por añadidura, posee su propio vigor axiológico y argumentativo que obliga a su aceptación.

De tal palo.....

Los hijos de políticos sobresalientes tienen pleno derecho a buscar su desarrollo propio ya no digamos en actividades privadas sino también en ámbitos que los sitúan ante la atención pública. La atraen personas como Carlos Emiliano Salinas Occelli, protagonista de la organización civil cuyo nombre maya, In Lak'Ech, significa "tú eres yo y yo soy tú". Su propósito es difundir actitudes pacíficas ante la violencia. Su símbolo es Gandhi. Ha emprendido una campaña no exenta de desmesura titulada "Se buscan Gandhis". Egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México, se doctoró en Harvard como su padre el ex presidente de la República. De modo que deambulan, cada quien por su lado, haciendo proselitismo, pronunciando conferencias, como parte de la pequeña elite que sobrevivió a los desastres financieros generados por Salinas.

lunes, 24 de enero de 2011

La corte, los intelectuales y el poder.



En breve, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) decidirá si retornamos al régimen de oprobio en el que la manipulación política y el saqueo de las arcas públicas por los medios electrónicos era la regla, o si podemos seguir luchando por un blindaje efectivo del espacio público y una competencia política más justa, equilibrada y equitativa.

Los poderes fácticos han hecho todo lo posible para echar abajo la prohibición contra la contratación de propaganda electoral en radio y televisión incluida en la reforma constitucional de 2007. Primero, después de su toma simbólica de la casona de Xicoténcatl y la difusión de agresivos espots, lograron que los senadores suavizaran la reforma. Originalmente, se pretendía prohibir la "difusión" de cualquier "mensaje susceptible de influir en las preferencias electorales" y no solamente la "contratación" de "propaganda". Pero esto no les satisfizo, y desde entonces a la fecha se han declarado en abierta rebeldía al desacatar sistemáticamente las órdenes del IFE y crear un vasto mercado negro para la compra y venta de mensajes políticos.

Otra estrategia ha sido la presentación de docenas de amparos contra la reforma. Esta semana, la SCJN tendrá que resolver uno de los más importantes: el juicio presentado por Federico Reyes Heroles, Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín, junto a una docena de otros intelectuales, que alegan que la reforma viola los principios constitucionales de libertad de expresión, igualdad ciudadana y libertad de asociación.

A principios del año pasado, estos tres personajes organizaron un provocador desplegado contra la supuesta "generación del no" que a su parecer tiene "paralizado" al Congreso de la Unión. Hoy, de forma totalmente inconsistente, buscan echar abajo uno de los ejemplos más claros de productividad y consenso legislativo de los últimos años.

Recordemos que los juicios de amparo tienen validez exclusivamente para los quejosos. Así que si la SCJN da la razón a este puñado de intelectuales, nos encontraríamos en la peligrosa situación en que ellos y solamente ellos podrían contratar propaganda electoral en los medios electrónicos. Posteriormente, vendría un alud de otros amparos de parte de los ricos y poderosos del país y estaríamos ante la consolidación perfecta del elitismo y exclusión que ya tienen postrada a nuestra maltrecha democracia.

Este amparo hoy llega a la Corte porque los ministros ya han demostrado su disposición de moldear la Carta Magna al antojo de los poderosos. En 2002, en el contexto de las impugnaciones de cientos de municipios del país contra las reformas en materia indígena, la SCJN dictó una jurisprudencia que declaraba sin rodeos que el "procedimiento de reformas y adiciones a la Constitución federal no es susceptible de control jurisduccional" (Tesis 39/2002). Sin embargo, en 2008 la SCJN concedió al Consejo Coordinador Empresarial lo que no estuvo dispuesto a dar a millones de indígenas seis años antes. De manera sorpresiva, la SCJN cambió radicalmente su posición y abrió la puerta a la procedencia de los amparos contra la reforma constitucional en materia electoral.

En 2008, la Corte supuestamente declaró la procedencia exclusivamente respecto del procedimiento de aprobación de la reforma y no para abordar el fondo del asunto que versa sobre las supuestas violaciones a la libertad de expresión y asociación. Sin embargo, desde entonces los jueces de distrito han desplegado una creatividad inaudita al utilizar esta decisión como una licencia para entrar al fondo del litigio. Se abre entonces la oportunidad para que hoy la SCJN complete el favor a los poderosos y anule directamente el corazón de la reforma electoral.

Pero para llevar a cabo esta tarea los ministros tendrían que elaborar tantos malabares jurídicos que su objetividad e imparcialidad quedarían en entredicho. La prohibición contra la contratación de propaganda electoral es una limitante estrictamente comercial que no viola el principio de la libertad de expresión. Así como se prohíbe que se anuncie la venta de drogas, de cigarros o los servicios de prostitución, hoy se protege el interés público al evitar la injerencia indebida del dinero privado en las contiendas electorales. Así mismo, la reforma no restringe en absoluto la expresión de opiniones políticas en la plaza pública o siquiera por periodistas y invitados en la televisión. Lo único que se obstaculiza es la comercialización de los mensajes electorales en los medios electrónicos.

El artículo sexto de la Constitución prohíbe la "inquisición judicial o administrativa" contra la "manifestación de las ideas", algo que no ocurre en absoluto con el texto impugnado, ya que no existe referencia alguna sobre el contenido de las ideas expresadas. También habría que recordar que el artículo primero de la Carta Magna explícitamente autoriza la "restricción" o incluso "suspensión" de nuestras garantías si otro artículo de la misma Constitución lo mandata explícitamente.

Los argumentos de los quejosos sobre una supuesta violación al derecho de asociación y al principio de igualdad son igual de improcedentes. La prohibición contra la contratación de propaganda se aplica por igual a los partidos políticos que a los ciudadanos. Asimismo, los tiempos de Estado otorgados a los partidos se hace en función de que la misma Constitución les otorga la calidad de "entidades de interés público".

Una anulación de la reforma electoral sería un acto de soberbia imperdonable de parte de los ministros y violentaría de manera flagrante nuestra Carta Magna. Ello sería el último clavo en el ataúd del desprestigio general que ya de por sí sufren las instituciones de justicia del país. Esperemos que la SCJN sepa resistir las presiones y esté a la altura del momento histórico.

viernes, 21 de enero de 2011

El alza de precios y "la grilla".



El del alza de precios (el de los alimentos, en particular) es un asunto que ocupa y preocupa a los ciudadanos y sus de por sí agujereados bolsillos, pero no a los políticos, los partidos y los autodenominados gobiernos (federal y estatales) que andan desatados en la adelantada súper grilla electorera con miras a los comicios presidenciales de 2012. Para estos últimos es más sabroso y productivo el jaloneo que se traen para organizar el siguiente reparto del pastel (entre ellos, desde luego), de tal suerte que si los mexicanos saben contar, pues simplemente que no cuenten con ellos.

De acuerdo con el seguimiento temático (hasta allí llega el interés) que periódicamente realiza la Cámara de Diputados, el incremento en los precios internacionales de granos y las medidas especulativas han ocasionado el aumento de los precios internos, aunque también han intervenido aspectos climatológicos como las lluvias ocurridas entre agosto y octubre de 2010 en los estados de Veracruz, Chiapas, Oaxaca, Tabasco y Puebla, principalmente; esto elevó, por un lado, el número de hectáreas siniestradas por inundaciones y las expectativas de malas cosechas para el ciclo otoño-inverno y, por el otro, un incremento en las importaciones de los principales granos.

Cifras del Banco de México indican que en diciembre los precios del pan dulce y las galletas populares (ni las de animalitos perdonan) registraron una tasa de crecimiento anual de 6.75 y 4.71 por ciento, respectivamente. El aumento de los precios internacionales del maíz en los últimos meses de 2010 afectó los costos de producción de la tortilla. Durante ese año el índice de precios de la tortilla tuvo un alza de 5.9 por ciento. Los precios actuales del pan dulce y la tortilla de maíz aún no están en niveles críticos; sin embargo, con los aumentos recientes, el incremento en el año fue mayor a la inflación de los alimentos y la general, que alcanzaron una tasa anual de 4.93 y 4.40 por ciento, respectivamente.

En diciembre el arroz de Morelos fluctuó entre 17 y 18.50 pesos por kilogramo. El frijol negro de importación promedió 13.64 pesos por kilogramo, alcanzando un precio máximo de 13.80 pesos por kilo. El maíz llegó a 4.10 pesos por kilogramo. En el comparativo bimestral de precios de granos básicos que realiza la Cámara de Diputados "se observa que tanto en 2009 como en 2010 los precios del arroz se contrajeron. Entre diciembre de 2009 y diciembre de 2010, el precio promedio del arroz bajó de 22 a 18.50 pesos por kilo".

En el caso de México no se había observado un efecto directo en los precios internos derivado del incremento de los precios internacionales; sin embargo, a partir de octubre pasado comenzaron a registrarse alzas en el índice de precios al consumidor de algunos productos derivados, como en el caso de la harina de trigo, el pan y la harina de maíz, que en ese periodo aumentaron 2.76, 1.19 y 1.15 por ciento, respectivamente, con respecto al mes previo. Con relación al precio de la tortilla de maíz, se reportó una tendencia alcista; en diciembre el incremento fue de 1.99 por ciento con respecto a noviembre, y en comparación anual el aumento fue de 5.9 por ciento, cifra que se encuentra cercana a los niveles observados entre septiembre de 2008 y marzo de 2010, en los que se registraron aumentos de entre 6 y hasta 10 por ciento.

Los distribuidores de tortilla han asociado los incrementos del precio a los aumentos en los costos de producción, en particular de gas, gasolina y electricidad, más que al incremento del maíz. El alza en el precio de la tortilla en diciembre puede explicarse por el efecto en los incrementos del maíz en los tres meses previos y en las presiones en los costos de producción, en particular de los energéticos, lo cual se puede observar en el incremento del índice de precios al productor de electricidad y gas, que en octubre y noviembre crecieron 5.94 y 9.5 por ciento, respectivamente.

El incremento en el precio de la tortilla impacta directamente a la canasta básica y al ser el alimento más popular entre la población mexicana afecta en mayor medida a las familias de menores ingresos. En los primeros diez días de enero de 2011, el precio promedio se ubicó entre 7 pesos en tiendas de autoservicio y 10.03 pesos en tortillerías; sin embargo, en algunos estados ha llegado a alcanzar hasta 13.80 pesos por kilogramo, por lo que se requiere dar seguimiento a la evolución de este producto en los próximos meses.

Por el lado internacional, la Cámara de Diputados señala que en diciembre pasado se observó un incremento en los precios de los principales cereales y oleaginosas, repuntando el precio del trigo con un crecimiento de 8.3 por ciento respecto a noviembre previo, seguido por el sorgo que aumentó 5.7 por ciento; la soya, 4.7; el arroz, 4.2, y el maíz con 2.7 por ciento. No obstante que los precios se encuentran aún por debajo de los niveles observados en 2008, éstos cada vez se encuentran más próximos a dichos niveles.

Factores climatológicos y de especulación continúan presionando al alza los futuros de los principales productos alimenticios. Entre el 13 de diciembre de 2010 y 13 de enero de 2011, los futuros de maíz, soya y trigo para entrega en marzo próximo crecieron 12.65, 8.64 y 6.18 por ciento, respectivamente; mientras en el mismo periodo los futuros de arroz cayeron 4.46 por ciento.

En noviembre de 2010 el índice de precios de los alimentos que calcula la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación aumentó 21.8 por ciento a tasa anual, lo que se encuentra en línea con el índice de precios de los alimentos del Fondo Monetario Internacional, el cual aumentó 26.8 por ciento a tasa anual en diciembre de 2010. Diversos factores comienzan a sumarse a la presión de los precios de los alimentos para 2011. Por un lado la reducción de la oferta de cereales, de la cual se estima una reducción de 1.4 por ciento respecto a 2009, frente a un consumo creciente, el cual se ve presionado por la mayor demanda de insumos agrícolas de países como China, y por el otro, el menor costo de algunas divisas como el dólar y el yuan que están impulsado al alza el costo de las materias primas, razones por las que se podrían mantener elevados los precios de los alimentos durante 2011.

El gachupin lambiscon:

El facha José María Aznar llegó a México para "respaldar" al inquilino de Los Pinos en su "lucha contra el crimen organizado", según oportuno comunicado panista. Pues bien, ya está: que le den un arma y se lo lleven a las zonas calientes de la República para que el "respaldo" sea efectivo. Si no acepta, mejor que se coma su sopa de lengua.

miércoles, 19 de enero de 2011

¿Quien es el enemigo?.


Como era de esperarse, el tema del tráfico de enervantes y la violencia criminal entró en una fase de peligrosa politización. El problema radica en la confusión entre causas y efectos: los hechos de sangre son consecuencia de la decisión de combatir a las bandas del crimen organizado que nacieron y se desarrollaron al amparo de las complicidades del poder en el viejo régimen priista.

La campaña iniciada por intelectuales de la oposición política se orienta contra el gobierno federal y su estrategia de lucha contra la inseguridad y no existe en esa ofensiva política ningún reclamo a los jefes de los cárteles. Sin embargo, ocurre que la violencia es producto de la respuesta criminal a la decisión gubernamental de combatir a las bandas de delincuentes.

El momento actual es decisivo: la ofensiva gubernamental, aun con errores y deficiencias, ha logrado recuperar el control de zonas que habían caído bajo el dominio de las mafias. Abandonar la plaza significaría la derrota no sólo del gobierno federal en turno, sino del Estado y la cesión territorial de soberanía del Estado. Así de simple.

De ser congruentes, los promotores intelectuales de la campaña se podrían convertir en el brazo político de los cárteles al atar de manos al gobierno. Lo grave del momento radica en el hecho de que se ha logrado eliminar a buena parte de los padrinos del tráfico de estupefacientes y se cierra el cerco sobre Joaquín el Chapo Guzmán. Y justo en esa circunstancia se inicia la campaña para obligar al gobierno a un repliegue de la ofensiva. De hacerle caso a la iniciativa de intelectuales de oposición, el Chapo podrá respirar tranquilo y expandir su imperio criminal.

Y no solo eso: los cárteles podrán regresar a la impunidad en el tráfico. Si hasta ahora se ha denunciado una complicidad política y de poder por parte de policías, políticos y funcionarios, ahora los cárteles podrán agregarle una muesca más a sus pistolas: la complicidad de la sociedad intelectual.

Suicida

La lucha contra el crimen organizado se localiza en un terreno que carece de espacios de movilidad: o se avanza o se retrocede. No hay más. Se trata de una competencia de suma cero: lo que ganan los delincuentes lo pierde el gobierno y lo que gana el gobierno lo pierden los delincuentes.

De detenerse la ofensiva del gobierno contra los cárteles, buena parte del territorio sería cedido al crimen organizado: Sinaloa, Chihuahua, Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán y Guerrero, parte de Durango, Zacatecas y Jalisco.

El problema radica en que en estos momentos la lucha es de violencia: la ofensiva del gobierno ha sacado a los criminales de sus guaridas y los ha obligado a retirarse de zonas territoriales de dominio absoluto.

La preocupación por la violencia debe enfocarse contra los cárteles. Los intelectuales de oposición que le piden al gobierno bajar la guardia deberían exigirle al Chapo, al Azul Esparragoza, a Vicente Carrillo y a Ismael el Mayo Zambada que se rindan. Pero hasta ahora no ha habido ningún pronunciamiento de esos intelectuales contra los jefes de los cárteles.

La iniciativa de intelectuales de oposición para detener la lucha contra las bandas del crimen organizado, por tanto, beneficia objetivamente a los cárteles y no a la sociedad mexicana. Sería un suicidio del Estado hacerle caso.